Este mirador es una lección de «paciencia geológica». Aquí, el visitante se encuentra frente al Complejo Basal, las rocas que formaron la base de la isla hace más de 20 millones de años. A diferencia de los campos de lava negra del norte o el sur, en este risco dominan los tonos grises, blancos y rosáceos de las sienitas, unas rocas plutónicas que rara vez se ven en otras islas canarias con tanta claridad.
El entorno es árido pero magnético. Las grandes bolas de piedra parecen haber sido colocadas a mano sobre las laderas, creando un paisaje que recuerda a las montañas del Atlas. El silencio solo se rompe por el silbido del viento que sube por el barranco o por el graznido de los cuervos que juegan con las corrientes térmicas. Es un lugar que invita a bajarse del coche, respirar hondo y contemplar la inmensidad de una Fuerteventura que se siente prehistórica y eterna.