Ubicado en una «degollada» o paso natural entre montañas, este mirador rinde homenaje a la resistencia y la cultura de los majos (antiguos habitantes de la isla). Las estatuas de bronce, obra del escultor Emiliano Hernández, representan a los dos reyes en una actitud solemne, sosteniendo sus bastones de mando y mirando hacia el horizonte que una vez dominaron. El viento suele soplar con fuerza en este punto, lo que añade una atmósfera épica y salvaje a la visita.
Se cree que en este mismo lugar existía una muralla defensiva de piedra que dividía la isla en dos reinos políticos y sociales. Hoy, esa división ha desaparecido, pero el mirador permite entender la importancia estratégica del relieve en la vida de los antepasados majoreros. Es un espacio que invita no solo a disfrutar de la vista, sino a reflexionar sobre la identidad canaria y la herencia de un pueblo que vivió en perfecta comunión con un entorno tan duro como hermoso.