Sabor, tradición y fuego lento
Si hay un plato que define la identidad de Fuerteventura y que preside las grandes celebraciones de marzo, ese es el Cabrito o Baifo Majorero. Mientras que el queso de la isla se lleva la fama internacional, la carne de cabra es el secreto mejor guardado de los hogares y restaurantes tradicionales del interior, como los de Casillas del Ángel o Ampuyenta.
La clave de este plato reside en la materia prima: la cabra majorera, una raza adaptada a la dureza del terreno que produce una carne magra, tierna y de un sabor intenso pero equilibrado. La receta más emblemática es el Cabrito en adobo o compuesto.
La carne se trocea y se marina con una mezcla de ajos, pimienta palmera, sal, orégano y un buen chorro de vino blanco de las islas. Tras reposar, se cocina a fuego muy lento con un sofrito de cebolla, pimiento y tomate, permitiendo que la salsa trabe hasta quedar untuosa.
Se sirve tradicionalmente con papas arrugadas y un poco de perejil fresco por encima.
En marzo, cuando el clima invita a largas sobremesas antes de que apriete el calor del verano, degustar un buen plato de cabrito es conectar directamente con la historia ganadera de la isla.
Es un plato que sabe a campo, a herencia y a la dedicación de los pastores que, generación tras generación, han mantenido viva la esencia del Maxorata.