En el extremo suroeste de la Península de Jandía, donde la tierra de Fuerteventura parece rendirse ante el Atlántico, se alza el Faro de Punta de Jandía. No es un mirador convencional: no hay plataforma, ni barandillas, ni señalización turística. Lo que hay es una de las experiencias de aislamiento y conexión con la naturaleza más puras que ofrece la isla.
A diferencia de la mayoría de los miradores, la perspectiva aquí no viene de la altitud sino de la posición: a nivel del mar, la costa volcánica y los acantilados azotados por el oleaje del Atlántico norte se experimentan de forma directa y visceral. El faro, con su torre blanca, es la única construcción visible en kilómetros. La historia del lugar añade una capa de misterio: la zona estuvo vinculada al ingeniero alemán Gustav Winter y a una antigua pista de aterrizaje de la Segunda Guerra Mundial.
La zona cuenta también con el Faro-Baliza de Punta Pesebre, a pocos kilómetros, accesible por pista de tierra.