Ubicado en el borde de un pequeño acantilado sobre el pueblo, este mirador destaca por su sencillez. No busques un edificio moderno ni cafeterías; es un espacio abierto donde la fuerza del viento y el sonido del mar son los protagonistas. La barandilla, algo rústica, delimita un paseo que invita a la reflexión mientras se observa cómo las olas rompen con fuerza contra los «hornos de cal» y las rocas del puerto.
Es un punto muy frecuentado por fotógrafos locales que buscan capturar el contraste entre las casas blancas del pueblo y el azul profundo del mar. La sensación aquí es de total exposición a los elementos: el salitre se siente en la piel y el viento suele soplar con una potencia que recuerda la bravura de la costa norte majorera.
La costa norte de Fuerteventura, con acantilados y pequeñas calas.
El Océano Atlántico y, en días claros, el horizonte hasta otras partes de la isla.
Campos volcánicos y terrenos rurales típicos del norte.
Algunas zonas de El Cotillo y playas cercanas desde arriba.