Llegar a este mirador es un rito de paso para cualquier visitante de la isla. El trayecto por la pista de tierra, levantando polvo y bordeando las montañas, culmina en un pequeño espacio de aparcamiento en la cresta de la montaña. Al bajar del coche, el impacto visual es total: la inmensidad de la playa de Cofete se despliega a tus pies en un eterno contraste de arena dorada, espuma blanca y el azul profundo del mar de Barlovento.
El viento en este punto suele ser muy fuerte, cargado de la humedad del océano que choca contra el macizo de Jandía. La atmósfera a menudo está envuelta en una calima marina o bruma que le da al paisaje un aire misterioso y legendario. Es un lugar cargado de historias, donde la vista de la lejana Villa Winter, una mansión solitaria al pie de las montañas, añade un toque de intriga a un escenario que parece sacado de otro tiempo o de otro planeta.