Este mirador destaca por su carácter natural y agreste. No es una estructura arquitectónica compleja, sino un balcón natural sobre el abismo. El sonido del mar aquí es ensordecedor y la bruma marina suele envolver el paisaje, dándole un aire salvaje y purificador. La zona recibe su nombre por una antigua muralla aborigen que, según los historiadores, dividía los dos reinos de la isla: Maxorata y Jandía.
Es el lugar predilecto para los amantes del surf, que observan desde la altura las imponentes olas de la Playa del Viejo Rey. Caminar por la cresta de los acantilados de arenisca fósil, con sus formas caprichosas esculpidas por la erosión, es una de las experiencias más revitalizantes de Fuerteventura. La sensación de estar en el «confín del mundo» es total, especialmente cuando el sol comienza a hundirse directamente en el océano.