Sabor, mar y tradición en el plato
Si hay un pescado que define la identidad de Fuerteventura y que preside las mesas marineras de abril, ese es la Vieja. Mientras que las playas de la isla se llevan la fama internacional, este pescado de roca es el secreto mejor guardado de las cofradías y los restaurantes tradicionales del litoral, como los de Ajuy, El Cotillo o Las Playitas.
La clave de este plato reside en la materia prima: la vieja (Sparisoma cretense), un pez de colores vibrantes que habita en nuestros fondos rocosos y que posee una carne blanca, de textura delicada y un sabor marisquero único. La forma más emblemática y respetuosa de prepararla es la Vieja guisada. El pescado se limpia con cuidado pero se cocina con sus escamas, lo que permite que la carne mantenga toda su jugosidad y no pierda ni un ápice de su esencia marina durante la cocción.
Se sirve tradicionalmente con papas arrugadas, un buen chorro de aceite de oliva de la isla y, por supuesto, un mojo verde de cilantro que realza su suavidad. En abril, cuando la temperatura es perfecta para almorzar frente al mar bajo la suave brisa primaveral, degustar una vieja fresca es conectar directamente con la historia pesquera de la isla. Es un plato que sabe a océano, a herencia y a la dedicación de los marineros que, generación tras generación, han sabido extraer lo mejor de las aguas del Maxorata.