El enigma de la montaña sagrada que guarda el alma de los «Majos».
Bajo la luz limpia y dorada de las tardes de abril, cuando el viento parece amansarse al llegar al norte, la Montaña de Tindaya se recorta contra el horizonte como un altar colosal de piedra traquita. Para el viajero distraído, puede parecer sólo una elevación más en el paisaje árido; pero para los antiguos habitantes de Fuerteventura, los «Majos», esta montaña no era un simple accidente geográfico. Era su centro del mundo, un lugar sagrado y prohibido, el punto exacto de conexión donde lo terrenal se fundía con las divinidades que regían el cosmos.
El gran misterio que envuelve a Tindaya reside en sus podomorfos: más de 300 grabados rupestres en forma de pies humanos, tallados con pericia en la roca viva de su cima. Lo que hace que el vello se erice al contemplarlos (aunque sea a través de la historia, ya que su acceso está restringido para su protección) es su orientación. La gran mayoría de estos grabados no apuntan al azar; miran fijamente hacia el Teide, en la lejana Tenerife, o hacia las islas occidentales. ¿Eran acaso rituales de invocación para atraer las nubes y pedir lluvia en los secos abriles de antaño? ¿Eran mapas astronómicos tallados en piedra para guiar las siembras y las estaciones?
Aunque la arqueología moderna sigue buscando respuestas científicas, la leyenda local prefiere hablar de energías y de respeto. Se cuenta que Tindaya es una montaña con memoria, un lugar donde el tiempo se detuvo para preservar los ritos de un pueblo que leía las estrellas. En abril, cuando la atmósfera está especialmente nítida, la silueta de la montaña parece vibrar con una fuerza especial, recordándonos que somos herederos de una cultura que entendía la naturaleza como algo sagrado.
Hoy, Tindaya sigue siendo nuestro gran tótem espiritual. Un monumento geológico de incalculable valor, y es un recordatorio de nuestra propia identidad. Es una montaña que nos pide ser protegida. Porque en sus crestas de piedra clara están grabados unos pies antiguos, parte de la historia de Fuerteventura y que en esta isla, la tierra y el cielo siempre han caminado de la mano.