CRÍTICA GASTRONÓMICA
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Un lugar donde la sobremesa es parte del placer de comer

Crítica gastronómica del Restaurante Casabel en Fuerteventura

A pocos kilómetros del pulso cotidiano de Puerto del Rosario, se encuentra Casabel, un espacio agradable con mesas en el interior y en su amplia terraza. Es un restaurante que parece haber entendido algo esencial: ofrece un lugar donde se detiene el tiempo, para disfrutar de sensaciones.

Frecuento este lugar para gozar en compañía de amigos de ese tiempo ambiguo y seductor que hoy llaman tardeo, donde la luz declina y las conversaciones se vuelven más honestas. Sin embargo, mi reciente visita tenía otro propósito: el almuerzo, ese momento donde el restaurante se enfrenta a su verdad.

Y al llegar, Abel, miembro de la familia propietaria, sugirió un menú degustación, que aceptamos gustosos.

Una propuesta que podría parecer, en primera lectura, casi festiva, incluso desenfadada. Doce platos. Doce pequeñas declaraciones de intención. Una suerte de mosaico donde conviven tradición, guiños contemporáneos y cierta vocación de agradar a todos los paladares.

El recorrido comienza con la ensalada, que cumple su función de apertura, fresca, ligera, casi protocolaria. La croqueta de pollo, bien ejecutada, aporta ese consuelo cremoso que uno espera; sin riesgo. Las papas arrugadas nos anclan al territorio, recordándonos que estamos en Canarias, y eso no es un detalle menor: es identidad. El carpaccio introduce una nota más delicada, más técnica, muy bien aliñada con un aceite excelente de la isla,  mientras que el queso frito juega en esa liga segura del placer inmediato, donde el contraste de texturas suele conquistar sin esfuerzo.

El menú avanza hacia registros más intensos: la gamba envuelta en beicon y calabacín propone un juego interesante entre mar y tierra, aunque dominado —como suele ocurrir— por la contundencia del beicon. La chistorra y el champiñón relleno en salsa de beicon insisten en esa línea sabrosa, directa, casi tabernaria, donde el protagonismo lo tiene la potencia más que la sutileza.

La carne fiesta aparece como un homenaje a la tradición popular canaria: honesta, reconocible, sin artificios. Aquí el comensal local encuentra un guiño cómplice.

A. J. Cabrera

Presidente Academia de la Gastronomía de la Macaronesia

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